¡NO MOJA, EMPAPA! La ley seca parece impulsar ventas de licor bajo cuerda

Miles de ciudadanos desoyen este sábado la ya acostumbrada prohibición de venta y consiguiente consumo de alcohol durante los procesos electorales.

La medida, conocida como “ley seca”, limita la venta por 72 horas repartidas antes, durante, y después de las elecciones, como ocurre desde este viernes, en vista de la cercanía de la convocatoria electoral del domingo.

Pero no limita por completo la ingesta de alcohol, porque muchos consumidores tienen reservas compradas días antes, mientras que otros acuden expendios ilegales que han proliferado desde 2014, cuando se vieron los primeros síntomas de la crisis que atraviesa el país.

“Hay que subsistir, hermano”, dice a EFE Alirio Sánchez, dueño de un improvisado bar en el sector Isaías Medina de Catia, un enorme barrio pobre del oeste de Caracas.

En este y otros barrios de Venezuela es común ver a vecinos exhibir en las ventanas de las precarias viviendas botellas de licor a un precio menor al que las ofrecen los licoreros formales.

“Es incalculable”, dice Sánchez sobre su previsión de ingresos para este fin de semana, mientras en su bar media decena de personas apiñadas en un rincón bebían cervezas. “Más de lo normal”, añade con una sonrisa el hombre de 57 años.

Estos expendios ilegales afectan las ventas de los licoreros formales y hasta lesionan el poder de recaudación del Estado, dice a EFE la presidenta de la Federación Venezolana de Licores (Fevelicor), Losaina Lucena.

Lucena teme, incluso, que esto se convierte en un problema de salud pública, teniendo en cuenta la falta de controles.

Para la gremialista, cerca del 50 % de las ventas totales de bebidas alcohólicas en Venezuela se producen en bares y licorerías ilegales.

“No sabemos si venden a enfermos, a menores de edad, si el producto fue almacenado de manera correcta”, dice.

Lucena también destaca que los comercios ilegales se multiplicaron cuando por la pandemia se prohibió durante meses la venta formal de licor en todo el país.

Pero aclara que no rechaza la medida de prohibición que establece el Art. 130 de la Ley orgánica de procesos electorales.

“Es una manera de controlar las emociones, porque el tema político es muy emotivo”, dice.

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