Las escuelas de paramilitares en Colombia donde hasta niños aprendían a asesinar y descuartizar

El testimonio fue recogido hace cuatro años, más de una década después de la desmovilización oficial de los paramilitares agrupados en las Autodefensas Unidas de Colombia, AUC.

Pero su publicación en un reciente informe del Centro Nacional de Memoria Histórica de Colombia sobre una de sus estructuras es un poderoso recordatorio del horror y la crueldad del conflicto armado colombiano.

Los paramilitares acostumbraban a desmembrar a muchas de sus víctimas.

Y el desmovilizado, que está aportando sus recuerdos para el Mecanismo no Judicial de Contribución a la Verdad y la Memoria Histórica bajo condición de anonimato, aporta escabrosos detalles sobre el procedimiento.

“En cualquier parte se veía eso, una tortura; matar a alguien, en cualquier lado se hacía: se llevaba para allá, pa’ esos montes, y ahí sí, se hacía el hueco y los tapaban”, cuenta el exintergrante de las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio (ACMM), el grupo paramilitar liderado por Ramón Isaza que en 1997 se integró en las AUC.

“¿Dónde aprendían a desmembrar?”, viene entonces la pregunta.

“En la escuela”, es su respuesta.

Escuelas de la muerte

La escuela a la que se refiere es uno de los numerosos centros de formación militar empleados por las ACCM para entrenar a sus reclutas, muchos de ellos menores de edad

Las técnicas de desmembramiento se enseñaban en las escuelas de entrenamiento adonde llevaban a las víctimas aún vivas, o ya muertas, para que los reclutas paramilitares ‘practicaran’ con ellas y para enseñarles a su vez que los cuerpos que no se desaparecían deberían servir de advertencia a los demás habitantes”, se lee en el reporte “Isaza, el clan paramilitar. Las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio”.

“Igual a mí me tocó ayudar, pues, a tener, pues ya uno muerto, y hacer huecos y tapar. Eso es muy duro”.

“Tener”, explica, es que él cogía, por ejemplo, la mano del cadáver “y otro cortaba e iba echando al hueco”.

“Eran manes que los traían ahí, ya ladrones moridos (sic). Y ya uno los enterraba por allá. Había otros, que eran solo matarlos y dejarlos ahí pa’ que los vieran; había otros que había que desaparecerlos“, agrega.

Según la Comisión, las escuelas de entrenamiento también fueron en múltiples ocasiones los lugares en los que se cometían o se planeaban crímenes y se convirtieron incluso en sitios de experimentación criminal.

“En el mismo curso, ahí decían: ‘Si usted no sirve pa’ matar, sirve pa’ que lo maten’“, cuenta el desmovilizado.

Según el exparamilitar, el que no tenía el corazón “pa’ eso, quedaba loco ahí o lo mataban”.

Menores

Villamizar, sin embargo, cree que es importante recordar que la mayoría de jóvenes que se vinculaban a las ACMM no lo hacían atraídos por la sangre sino por simples razones económicas.

Muchos de los integrantes del “Clan Isaza” fueron reclutados siendo menores de edad, lo que hace sus sanguinarias capacitaciones aún más monstruosas.

“Me tocó ver una cantidad de niños… no, pues 10, 11 años, con unos fusiles que antes los tenían que levantar, Dios mío, porque les daban en el piso, porque era más grande el fusil que ellos“, asegura una desmovilizada en un testimonio recogido en 2017.

La práctica, sin embargo, no fue exclusiva de los paramilitares.

Según el Observatorio de la Memoria y el Conflicto, adscrito al Centro, hasta el año 2018 los grupos irregulares colombianos ya habían reclutado a 17.775 menores de 18 años, un 27% por parte de los grupos paramilitares.

Y en el caso de las ACMM, las sentencias emitidas en el marco de Justicia y Paz solamente reconocen el reclutamiento de 127 menores, equivalente al 15,5% de sus integrantes oficialmente desmovilizados.

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