Militares retirados de Colombia hacen fuertes revelaciones sobre las ejecuciones extrajudiciales

El escándalo sobre los “falsos positivos”, eufemismo con el que se conoce a los asesinatos de civiles durante el conflicto armado en Colombia para hacerlos pasar por bajas en combate, que ha estado en la opinión pública y bajo investigación durante varios años, ha estallado nuevamente, tras revelaciones hechas por los militares retirados Gabriel Rincón Amado y Gustavo Soto Bracamonte a la agencia AFP.

Soto, quien entre 2006 y 2007 comandó una fuerza élite del Ejército colombiano contra el secuestro, confesó que premió a sus tropas por matar a civiles que hicieron pasar por guerrilleros o delincuentes, y con ello inflaron los resultados del conflicto armado.

Relató, además, que las víctimas eran conducidas a la muerte bajo engaños, como el de ir a hacer un “trabajito”.

Según Soto, no importaban las capturas, solo “los muertos”. Añadió que esa directriz emanaba del alto mando, en particular, dijo, del entonces comandante del Ejército, el general Mario Montoya, quien medía los resultados operacionales “en muertos”.

 

Soto contó que mientras comandó la fuerza élite del Ejército colombiano contra el secuestro, cargo que ejerció en el departamento Casanare, hubo “83 muertes”. Según cuenta, “unas cuatro o cinco fueron operaciones totalmente legales, las demás son muertes ilegítimas”.

También reveló que los fondos que le dieron para comprar más armas o buscar a los secuestrados fue utilizado para pagar “reclutadores”, personas que conseguían a los civiles en varias partes del país para que el Ejército los ejecutara.

Los uniformados eran premiados. “Tenían cinco días de permiso” y otros beneficios, relató. A él, por estar entre las 10 mejores unidades, lo premiaron con un viaje de 15 días a Quito, Ecuador, en 2007.

“Predispuse para que los hechos se cometieran”

Rincón, quien actualmente comparece ante la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) —mecanismo que juzga y castiga a las partes del conflicto armado—, por su parte, confirmó a la AFP que los jóvenes que luego se convirtieron en falsos positivos eran engañados por “reclutadores” bajo la promesa de un trabajo; ellos aceptaban para ayudar a sus familias.

Entre 2006 y 2008, Rincón fue oficial de operaciones de la Brigada 15 en el departamento Norte de Santander, cerca de la frontera con Venezuela.

Mencionó que las órdenes o “instigaciones” (como él las califica) hacia los comandantes de pelotón “tenían que dar resultados como fuera”, y eso los llevó a esas prácticas de asesinatos extrajudiciales, a los que se les daba “los visos de legalidad para que se mostrará a la opinión pública de que eran resultados en muerte en combate, donde realmente no lo eran”.

A la fecha, la Fiscalía de Colombia registra 2.248 falsos positivos entre 1988 y 2014, mientras que la JEP contabiliza 4.439 en un período más corto, entre 2002 y 2008. Las estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), por su parte, dan cuenta de unos 5.000 casos entre 2002 y 2010.

Fuente: Agencias

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