Colombia es una carnicería de líderes sociales y defensores de DD.HH. en plena pandemia

El primer día de la cuarentena en Colombia, a Carlota Isabel Salinas la mataron a tiros en la puerta de su casa.

Salinas desempeñaba un papel de liderazgo en una organización de mujeres en el departamento de Bolivar, en el norte del país.

La región ya había visto un aumento de la violencia perpetrada por grupos paramilitares en los meses previos a la pandemia de coronavirus. Desde que comenzó el confinamiento a finales de marzo, 28 activistas y defensores de derechos humanos en Colombia han sido asesinados.

Estos asesinatos no son un fenómeno nuevo. Más de 800 activistas han sido asesinados en Colombia desde 2006, según el centro de estudios Indepaz.

Pero activistas comunitarios de diferentes partes del país le dijeron a la BBC que las restricciones al movimiento impuestas para frenar la propagación del virus los ha convertido en blancos aún más fáciles.

Atrapados en la casa la mayor parte del día y solo saliendo a la calle cuando surgen necesidades humanitarias en su comunidad hace que estén totalmente desprotegidos.

Tengo miedo por mi familia

Dolores (cuyo nombre real omitimos por razones de seguridad) es una de varias líderes de un grupo de cientos de madres que promueven el empoderamiento económico de las mujeres en Catacumbo, una región en el departamento de Norte de Santander -en la frontera con Venezuela– que vive desde años situaciones de violencia extrema.

Desde que el gobierno colombiano firmó un acuerdo de paz con grupo rebelde de izquierdas FARC, en 2016, han crecido las amenazas en el país para activistas como Dolores.

Mientras que la mayoría de rebeldes de las FARC depusieron las armas, otros grupos guerrilleros, disidentes de las FARC y paramilitares continúan enfrentándose en zonas como Catacumbo.

Ahora, esos grupos están explotando la cuarentena para consolidar aún más su poder.

En esta zona rural de Colombia, grupos armados rivales luchan por controlar el lucrativo negocio de las plantaciones de coca y las rutas de tráfico de drogas mientras eliminan sistemáticamente a los activistas que desafían su autoridad.

 

Durante la cuarentena, los defensores de derechos como Dolores han tenido trabajo como nunca antes.

Las mujeres en su comunidad -muchas de las cuales son cabeza de familia- no han podido salir a trabajar y tienen dificultades para alimentar a sus familias.

La tasa de violencia doméstica ha aumentado y la ausencia de instituciones del estado en esta zona rural se siente ahora mucho más que nunca.

Fuente: BBC

 

 

 

 

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