Historia del vibrador, un invento para tratar la histeria femenina

A finales del siglo XIX, la histeria femenina era un diagnóstico habitual en mujeres que padecían diversos síntomas, como desfallecimientos, espasmos musculares, irritabilidad, pérdida de apetito…

Como se determinó que estos eran los síntomas de mujeres que no llegaban al orgasmo, los doctores de la época las trataban masturbándolas. De esta forma, el médico las estimulaba hasta que llegaban al orgasmo, llamado en aquel entonces paroxismo histérico. En 1880, un doctor inglés, probablemente cansado de este tratamiento, decidió inventar el primer vibrador.

El Primer vibrador de la historia.
El Primer vibrador de la historia.

En un primer momento, se estimulaba a las mujeres con el vibrador en la consulta del médico, incluso en presencia de sus maridos o madres. Pero, al final, se acabaría extendiendo su uso doméstico, para permitir un poco más de intimidad en ese momento tan personal.

Vibrador mecánico utilizado en consultorios médicos.

Una de las cosas que más llaman la atención de la época, es la naturalidad con la que se trataba el orgasmo femenino. Había numerosos carteles de hombres masturbando a mujeres o anuncios que reflejaban la importancia del vibrador y que incluso se publicitaban en los periódicos.

Varios modelos comienzan a comercializarse a través de todo tipo de publicaciones, e incluso periódicos de tirada nacional. “La vibración es la vida” – se publicaba en algunos anuncios – “Porque tú, mujer, tienes derecho a no estar enferma”.
Visto el potencial del aparato, y para evitar las vergonzosas visitas al médico, una avispada empresa, llamada “Hamilton Beach”, comenzó a producir en 1902 vibradores de tamaño más pequeño.

¿Y esto por qué sucedía? Pues se consideraba que los vibradores tenían un efecto terapéutico. Y de hecho, lo tienen. El uso del vibrador provoca un aumento de sensibilidad en la zona genital y, por supuesto, nos hace disfrutar muchísimo. Además, es una experiencia que puede enriquecer también las relaciones de pareja. Por lo tanto, la naturalidad con la que las mujeres del siglo XX  trataban este tema, debería ser todo un ejemplo a seguir.

Fuente: Enfemenino

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