Fe y Alegría suspende su Gran Rifa Anual por primera vez en 64 años

Hace más de 64 años, cuando nació Fe y Alegría, una estudiante de la Universidad Católica Andrés Bello donó unos zarcillos para sortearlos y reunir fondos con los que se compraron los primeros pupitres para los niños. Desde entonces el movimiento educativo realizaba su tradicional rifa anual hasta este 2019 cuando será suspendida por primera vez.

El director general de Fe y Alegría, padre Manuel Aristorena, explicó que la interrupción responde al proceso de hiperinflación que atraviesa el país. Detalló que por requisitos de la Sundde (Superintendencia Nacional para la Defensa de los Derechos Socioeconómicos) el monto de los tickets debe fijarse al menos nueve meses antes de que realice la rifa en el mes de mayo, por lo que ya no resulta rentable.

El sacerdote indicó que en 2018 la inversión que realizaron en adquirir los premios y en la venta de los boletos generó más gastos que el total de dinero que lograron recaudar. Consideró que lo ideal sería poder anclar el valor de los tickets para el sorteo en alguna moneda dura.

Solidaridad y creatividad

La Gran Rifa Anual, que reunió grandes gestos de solidaridad por más de seis décadas, no solo permitía recabar recursos para invertir en la infraestructura de las escuelas desplegadas en casi todo el territorio nacional. También era la oportunidad de promover y visibilizar el trabajo de formación que realiza Fe y Alegría en sectores populares del país.

Aristorena advirtió que, pese a la interrupción de esta tradición, “solidaridad hay mucha, así como creatividad de nuestra parte para buscar otras fuentes que ayuden a financiar las instituciones”.  Recordó que el año pasado se realizaron campañas como la de “Un cuaderno para Fe y Alegría” que lograron dar importantes aportes para los estudiantes.

En los últimos años, con el recrudecimiento de la crisis económica en el país, directivos de estas escuelas han denunciado las dificultades que tienen estudiantes y el personal para trasladarse a las aulas de clase por la pérdida del poder adquisitivo y el deterioro de los servicios públicos como el transporte.

Fuente: Efecto Cocuyo

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