TENER O NO TENER | En el país del bolívar el dólar es el rey

Hacerse la manicura, comprar un vestido de lentejuelas o un simple litro de leche, en Venezuela, el país de la revolución bolivariana, todo se puede si se tiene el dólar, pero a condición de ser discretos.

“Claro que recibimos dólares, podemos probar también con su tarjeta de crédito internacional, si pasa no hay ningún problema”, dice amable y pragmático el encargado de un restaurante de Caracas.

En medio de la crisis económica, rechazar a un cliente no es una opción. La moneda venezolana se hunde sin freno. Desde agosto del año pasado, cuando el gobierno decretó una devaluación de 96%, la moneda ha perdido adicionalmente 98% de su valor y a principios de marzo se cambia a unos 3.000 bolívares por dólar, aunque cada día varía la tasa.

Por debajo de la mesa

“Hace dos o tres meses que comenzamos a recibir dólares. Es algo que se hace por debajo de la mesa, si se llega a saber podría dañar el negocio”, dice el gerente del restaurante, al señalar su obligación de declarar y pagar impuestos en bolívares.

¿Está prohibido cobrar en divisas? “No lo sé. Pero no está permitido”, responde con una sonrisa. Con vestidos de lentejuelas y sandalias doradas, la tienda de Madeleine apunta a una clientela acomodada y, sin ser exorbitantes, sus precios están calculados en dólares. “Claro, si alguien lo pide le doy el precio en bolívares al cambio del día, sino perdería demasiado. Importo todo de Los Ángeles y lo pago en dólares”, dice.

 Un litro de leche, medio salario

Madeleine inauguró su local en diciembre. “Son muchos los que se han ido, pero yo tomé la decisión de quedarme y trabajar aquí. Sin embargo, el gobierno puede visitarme cuando quiera y cerrar mi negocio”, asevera.

Los vestidos que vende Madeleine cuestan unos 50 dólares, casi ocho veces el salario mínimo de 18.000 bolívares (seis dólares). Quienes ganan ese sueldo apenas pueden comprar dos kilos de arroz y dos de harina.

En uno de los centros comerciales más elegantes de Caracas, hacerse la manicura cuesta cuatro dólares. También una tienda de souvenirs, con productos típicos venezolanos, recibe los billetes verdes: una tableta pequeña de chocolate cuesta tres dólares.

La dolarización de la economía cotidiana que ha ocurrido en la práctica en Venezuela refuerza la idea de una sociedad a dos velocidades en la que la supervivencia depende de tener acceso a divisas.

Con información de El Nuevo Herald

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