ZULIA | Aceleran el despeje del casco central de Maracaibo

Despejadas y desahogadas de anarquía, con esta cara se muestran las calles del casco central de Maracaibo, tras cinco días de la intervención del mercado Las Pulgas, que fue el primer paso para la transformación de esta “zona de protección especial de patrimonio histórico y cultural”, tal como reza el decreto 0035 firmado por la alcaldía a mediados de septiembre.

Caminar libremente era una acción casi utópica hace una semana. Puestos improvisados en las aceras e, incluso, sobre las vías hacían del tránsito vehicular o peatonal una verdadera odisea. El asombro de quienes observan “desnudo” –como hace mucho no se apreciaba– el corazón de la ciudad es inocultable.

“Me habían mostrado fotos, pero ver esto, en vivo, es otra cosa. Es como estar en otra parte. Ya había olvidado cómo era el centro, sin tanto ‘perolero’ y con normas”, expresó Ana Roque, una marabina de 63 años.

Un plazo de 48 horas para quitar los puestos de los pasillos recibieron, la mañana de ayer, los comerciantes de la calle Comercio y de los callejones Zamora e Independencia, en la plaza Baralt de Maracaibo. Allí, la soledad marcó pauta, pues la mayoría de los negocios no abrió y el flujo de clientes se mostró bajo.

“Con este proceso de reorganización buscamos brindarles un mejor servicio tanto a los dos millones de habitantes de la ciudad como a los negocios formales que están establecidos. Hay una ‘parranda’ de locales que están vacíos, de gente que no está en el país (…), pero que tiene sus ‘tarantines’ instalados en la propiedad pública”, criticó el alcalde Willy Casanova, durante un recorrido que emprendió en el área.

Resaltó su compromiso para reubicarlos en espacios dignos, pues ahí “no hay garantía de seguridad, limpieza y orden”. En respuesta, los vendedores informales manifestaron su preocupación: “No podemos quedar sin trabajo porque nuestra familia depende de los ingresos que generamos aquí. Estamos en las manos de Dios”, manifestó Lourdes Quero, quien labora en el lugar desde hace más de 20 años.

Del otro lado de la calle, en el Callejón de los Pobres, afirmaron que la autoridad local se reunirá con los buhoneros mañana. “El alcalde nos dijo que con esto no se van a meter, que más bien viene una remodelación que incluye alumbrado y pintura”, explicó Jhonny Urdaneta, vendedor de calzado.

Lo cierto es que en este perímetro, al igual que en la Calle Derecha, en la avenida Libertador y en las adyacencias a las torres petroleras fueron derribadas decenas de estructuras metálicas que servían de “locales” para los comerciantes de libre ejercicio. Hasta este lunes, nadie se atrevió a violar la normativa que se impone, desde la semana pasada, con la fuerza militar y policial de respaldo.

En el centro comercial Bingo Reina, el común denominador: las santamarías abajo. Un empresario que se negó a revelar su identidad, apuntó: “No sabemos qué hacer. Por ahora, preferimos no abrir porque tenemos miedo de que saqueen o que las personas afectadas tomen represalias”.

Personal de barrido manual se distribuyó en todos los rincones para retirar la basura y los pocos escombros que aún permanecían sobre la carretera.

Los ‘tarantines’ aledaños al terminal de pasajeros y otros más de Las Playitas desaparecieron “voluntariamente”. Un negociante contó que decidieron retirarse por su propia cuenta, antes de “pasar un mal rato”, al tiempo que subía en un camión la última parte de sus bienes.

Pero en los alrededores del centro comercial Plaza Lago, el estacionamiento de Las Playitas y el mercado Las Pulgas, la energía que se movió fue más densa. La desesperación de los vendedores se reflejaba en cada martillazo, en cada grito, en cada gota de sudor que corría por sus cuerpos en el desenfrenado intento por desarmar sus tiendas antes de las 6:00 de la tarde, plazo que les dio la municipalidad.

Mujeres, hombres y hasta niños golpeaban, sin parar, bajo el abrasante sol, las latas que conformaban sus establecimientos. Entretanto, dos retroexcavadoras aguardaban a unos pocos metros, como una señal de advertencia.

En el unicentro Las Pulgas, los comercios constituidos no abrieron al público. La falta de electricidad hizo que la oscuridad se mezclara con la desolación. Atrás quedaron los innumerables puestos con medicamentos, productos de higiene personal y alimentos que expendían a precios indiscriminados, burlando cualquier alcabala sanitaria.

Montañas de plátano, verduras y pescado son las “sobrevivientes” a la intervención que tuvo lugar la tarde del 26 de septiembre, encabezada por Omar Prieto. Combatir el contrabando de alimentos y de efectivo, así como frenar los excesivos precios que imponían las mafias impulsaron las medidas que se activarán cada 24 horas.

Fuente: Panorama

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