Conoce el albergue solidario para venezolanos en Perú

La solidaridad y caridad imperan en el improvisado albergue que un pequeño empresario peruano ha instalado para dar un primer techo a los venezolanos recién llegados a Lima, Perú, desde donde intentan comenzar una nueva vida a la que se vieron abocados por la crudeza de la crisis que atraviesa Venezuela.

Al inicio apenas había una decena de huéspedes, pero ahora ya superan el centenar y no paran de llegar, muestra de la masiva migración de venezolanos, que ya supera los 200.000 en el caso de Perú, según las últimas cifras oficiales.

“Mi Whatsapp revienta todos los días”, confesó a Efe el empresario textil Renee Cobeña, quien paga de su bolsillo el alquiler del local sin pedir a sus huéspedes nada más a cambio, excepto que encuentren un trabajo para que así puedan mudarse y dejar hueco en el albergue a otros compatriotas.

 En el albergue no solo se ofrece desayuno, almuerzo y cena gracias a las donaciones hechas por otros peruanos, sino que también se da la oportunidad a sus huéspedes de generar sus primeros ingresos en Perú con la venta ambulante de comida.

“Acá el que llega y no trabaja en una semana es porque no quiere. De repente quieren un trabajo de gerente o jefe como algunos lo eran allá, pero aquí han venido a empezar de cero”, comentó Cobeña, quien es el presidente del Frente Nacional de Defensa de la Mediana y Pequeña Empresa (mype).

Sin ningún tipo de ayuda gubernamental, el mismo empresario adquirió cinco carritos para la venta de hamburguesas, arepas, bombas y tizana, otro gasto que le ha obligado a vender casi todas las máquinas que tiene en su taller del emporio comercial de Gamarra, también en Lima.

 “Muchos amigos de Gamarra me toman por loco”, agregó Cobeña, quien afirmó que lo hace porque ha sido inmigrante durante diez años en Japón y Corea del Sur y conoce lo que es dormir en una estación de autobuses y ser discriminado por ser extranjero.

En el albergue hay hombres, mujeres y niños llegados desde cualquier punto de Venezuela, tras atravesar Colombia y Ecuador en un viaje de alrededor de una semana en autobús, para cuyo pasaje, con un coste de alrededor de 300 dólares, se vieron obligados a vender casi todas sus propiedades.

 

Fuente: EFE

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