Descubra si cambiar de pareja genera mayor felicidad sexual

El ‘efecto Coolidge’ consiste en que un animal, tras haberse apareado repetidas veces hasta dejar de responder a los estímulos, vuelve a responder a estos si aparece un nuevo animal; ante esto la pregunta que surge es si en los humanos esto genera o no mayor felicidad sexual.

“Cuando comes todos los días lentejas, no apetecen lentejas. Pero ocurre lo mismo con el jamón, incluso siendo del bueno”. Esto me lo comentaba una paciente y parece que razón no le faltaba.

No recordaba por qué había perdido su deseo sexual, pero en su vida no lo veía por ninguna parte, incluso asegurando que era muy feliz con su marido. “Quizá lo habría escondido muy bien y ya no recordaba por dónde andaba, o estaba en el cajón de la cocina que tiene de todo”, comentaba.

¿Se le habría agotado de tanto usarlo durante esos casi 14 años en pareja?, se preguntaba. Además, sospechaba que el deseo pudiera haber huido de su vida sexual hace ya unos cuantos años atrás, por falta de uso, y que a su marido le habría pasado algo similar.

“Quizá cambiando de pareja la cosa iría mejor, pero yo quiero ser feliz sexualmente con él. Aunque no sé si eso sería posible”, se lamentaba. Entonces desvelé mi secreto, que tenía mucho que ver con sus lentejas diarias, por cierto.

‘Efecto Coolidge’

Cuenta la leyenda que el trigésimo presidente de los Estados Unidos, Calvin Coolidge (1872 – 1933) visitaba, junto a su esposa Grace, una granja experimental del Gobierno. Durante la visita se separaron y la primera dama, al llegar a la zona de gallineros, quedó impresionada con el gallo, por su capacidad y frecuencia montando a las gallinas. Ella preguntó si eso era habitual y se le aseguró que así era, que se apareaban docenas de veces al día. Entonces la señora Coolidge comentó: “No olviden comentárselo al presidente”.

Cuando éste llegó a la misma zona, le transmitieron la misma información y el mensaje de su esposa. Al conocerlo, él preguntó: “¿Con la misma gallina siempre?” La respuesta fue: “No señor presidente, con una distinta cada vez”. Al conocer la respuesta el mandatario comentó: “No olvide comentárselo a la señora Coolidge”.

Como guiño a este chiste presidencial, el etólogo y psicobiólogo Frank A. Beach, acuñó este término en 1955, para denominar a un fenómeno sexual que aparece en la totalidad de las especies de mamíferos estudiados.

Consiste en que un animal, tras haberse apareado repetidas veces hasta dejar de responder a los estímulos del otro sexo, vuelve a responder a estos si aparece un nuevo animal con el que no se ha apareado aún. Este efecto aparece también en la especie humana, tanto en hombres como en mujeres, aunque con mayor intensidad en los machos de nuestra especie.

Cuando nos sentimos saciados se ven disminuidos los niveles de dopamina, asociados a la motivación y deseo sexual. Y se ha comprobado que no se debe al cansancio físico o la fatiga.

¿Más parejas sexuales, mejor sexualidad?

Cuánta razón tenía mi paciente, conociendo el ‘efecto Coolidge’, ¿verdad? Pues no. Visto lo visto, cualquiera diría que cambiar de pareja es la mejor opción para despertar la llama del deseo y aunque puede ser una opción a tener en cuenta, algunos estudios no consideran que la “felicidad sexual” se consiga exclusivamente por este medio.

En 2004 dos economistas, David Blanchflower y Andrew Oswald, investigaron si una mayor variedad sexual se relacionaba con una mayor satisfacción sexual. Y, ¿qué mostró este estudio?

  • Determinaron que es clave la actividad sexual en la valoración de nuestra sexualidad.
  • También que mayores ingresos no implicaban más sexo o más parejas sexuales.
  • Además, algo bastante sorprendente para muchas personas, fue el siguiente descubrimiento: las personas casadas mantenían más relaciones sexuales que las personas solteras, separadas, divorciadas o viudas.
  • El grado máximo de satisfacción sexual estaba asociado a las personas, tanto hombres como mujeres, que contestaron que únicamente habían mantenido relaciones sexuales con una persona, en el último año.

Pudiera parecer contradictorio con lo que percibimos de nuestra sociedad. Infidelidad, parejas sucesivas, búsqueda constante de sensaciones y de placer inmediato. Siempre sintiendo que tenemos menos de lo que queremos. Se genera una insatisfacción constante que hace que busquemos nuevas experiencias, fama, sexo y dinero. Un coche más grande, una pareja más joven, un mayor número de orgasmos.

Aunque es cierto que el ‘efecto Coolidge’ beneficia a perpetuar la especie, pues si nos activamos al cambiar de pareja, no es por otra razón, en esencia. Parece que lo que mayor satisfacción sexual nos ofrece es mantener la llama encendida con la persona que amamos. Ahora sabemos cómo activar el deseo cuando amenaza la rutina, y no necesariamente hay que cambiar de pareja si no se quiere. Aunque en el gallinero aún no lo sepan.

¿Sería más fácil cambiar o incluir nuevas parejas sexuales para activar la llama? Quizá sí, pero lo mismo no se activa con quien realmente desea activarlo o no desea probarlo. “Ahora hay parejas abiertas y poliamor, es una opción y puede resolver estas cuestiones. ¿Qué te parece? Y, ¿también puedes cambiar de pareja?” Pregunté a mi paciente. “No, lo respeto pero no quiero eso”, me contestó. Pues manos a la obra, quizá no sea tan sencillo como ‘hacer un Coolidge’, pero puede que mucho más satisfactorio, en tu caso.

Con Información de El Mundo

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