DRAMÁTICO | Pensionados pueden morir en colas bancarias

La noche es fría en Maracaibo, más de lo normal. Las calles están en penumbras y en algunos hogares escuchan música mientras consumen licor. Muy pocos adornos o luces delatan que es diciembre. La presencia policial es mínima y las ventas de comida rápida están abiertas con un par de clientes. Son las 10:40 de la noche y se inicia el recorrido por las entidades bancarias de la capital zuliana. Allí, frente a la mirada de todos, pasan día y noche los pensionados. El drama es un holocausto, quizás no de humanos, pero sí de vidas, sueños, esperanzas y el de una vejez digna y tranquila.

Antes de las 11:00 de la noche tres bancos visitados, más de 60 pensionados esperando. Al frente del grupo que pernoctó a las afueras del Bicentario, ubicado en el centro comercial Costa Verde en la avenida Bella Vista, está un joven que se adelantó para averiguar que hacían “unos extraños” en el lugar. Pasados los minutos relató su historia… la de su mamá. “Llegamos a las 7:30 de la noche. Vinimos para no quedarnos sin el pago”, comentó. Era domingo, faltaban tres días para cobrar la pensión.

Infierno en la tierra

José Coén lleva el uniforme de su trabajo puesto, no es pensionado, madruga por su mamá que tiene 69 años, ella hace las colas durante el día. Siente temor, sabe que hay riesgo, inseguridad. Cada vez que su madre va al banco gasta 45 mil bolívares en pasajes y debe abordar cuatro carritos para llegar a Bella Vista, porque vive en la Curva de Molina.

En algunas oportunidades compra una “agüita” o un “pastelito” pero muchos de sus compañeros solo tiene las reservas de una comida para todo el día. José siente incertidumbre, tiene que hacer sus necesidades en la calle, donde no los vean. “Hacer pupú es muy difícil. Me da pena pero tratamos de que no se den cuenta”.

Los “afortunados” llevan comida, al resto los “desvela” el hambre. En las colas, “inescrupulosos” venden los cupos entre 30 mil y 60 mil bolívares. Llegan en la madrugada y se anotan en las listas que los mismos “pensionados” hacen. En medio del drama, en la noche o en el día, los abuelos se desmayan, se caen porque no ven y hasta se lanzan de sus sillas de ruedas para lograr entrar al banco.

El pecado de ser anciano 

Con el paso de las horas las necesidades aumentan y pese a que el cielo esta estrellado, sus mentes parecen estar en otro lado. Permanecen tirados en suelo o sobre frías escaleras. Una sábana tan gruesa como una hoja de papel les cubre el espinazo y un pedazo de cartón funge como colchón o improvisa un edredón. Cuando no hacen sus necesidades en la calle, como es habitual, piden baños prestados en comercios cercanos o se ven obligados a pagar entre 15 mil y 25 mil bolívares para hacer algo “tan básico del ser humano”.

Organizan turnos mientras que otros descansan y los más osados caminan a entidades bancarias cercanas para anotarse en otras listas. Muchos abuelos solo tienen en sus “estomaguitos un cafecito” y arriban de los Puertos de Altagracia, Villa del Rosario, Santa Cruz de Mara, Ciudad Ojeda, Sinamaica, La Concepción, San Francisco, Cabimas, La Cañada y otros sectores de municipios foráneos. Comparten casi todo, una septuagenaria afirma que “la situación hace que se unan”.

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Fuente: La Patilla

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