En Venezuela ni los muertos tienen paz en el cementerio

El Cementerio General del Sur es el camposanto más importante que se encuentra en la ciudad de Caracas, capital de Venezuela. Se ubica en la parroquia Santa Rosalía del municipio Libertador. Tiene un área de aproximada de 246 hectáreas. Fue fundado en 1876, por el entonces presidente Antonio Guzmán Blanco y en estos 141 años de su funcionamiento, no se sabe a ciencia cierta cuántas personas han sido sepultadas en sus instalaciones.

Este terreno dispuesto para las inhumaciones, colinda con la avenida principal de El Cementerio, así como con las urbanizaciones Los Castaños, Los Carmenes y con los barrios Primero de Mayo, Las Quintas, Los Alpes y El León, considerados zonas rojas por su alto índice delictivo.

FOTOS: ANTONIO HERNÁNDEZ / EL ESTÍMULO

La administración de la necrópolis corresponde a las autoridades de la alcaldía del municipio Libertador, encabezada por Jorge Rodríguez, uno de los dirigentes más importantes del Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv), quien al comienzo de su gestión como alcalde de Caracas había prometido realizar el rescate integral del espacio y convertirlo en un paseo turístico, tomando en cuenta la variada gama de obras de artes que adornaban algunas tumbas y los inigualables mausoleos construidos en los lugares de reposo de personajes importantes, como el general y expresidente, Joaquín Crespo.

Ninguna de las dos promesas del edil se cumplieron y por el contrario, ahora más que nunca el espacio se encuentra en total abandono, lleno de basura, escombros y mala hierba. Ya son comunes las denuncias de los familiares de los fieles difuntos de encontrar las tumbas profanadas y los restos de sus seres queridos desaparecidos, los cuales quizás van a parar en manos de los llamados “paleros”, espiritistas o brujos que utilizan restos humanos para realizar sus conjuros -trabajos de magia negra-con la ayuda de espíritus del más allá, solicitados por personas de este plano terrenal.

FOTOS: ANTONIO HERNÁNDEZ / EL ESTÍMULO

En las calles de estos espacios ya es común ver restos de urnas, lapidas y cruces partidas, producto de las acciones de los buscadores de tesoros entre los cadáveres que revisan para ver si han sido enterrados con dientes de oro o su cadenita de bautizo, para robárselas y venderlas.

Este cementerio también se ha convertido en una zona roja por el alto índice delictivo, “aquí hay que realzar los sepelios rapidito, ya que se han dado casos que han robado a todos los acompañantes del difunto antes de meterlo en la fosa. Aquí hasta se han registrado asesinatos, en plenos entierros”,comenta uno de los trabajadores del camposanto.

FOTOS: ANTONIO HERNÁNDEZ / EL ESTÍMULO

La inseguridad, las profanaciones de tumbas, el deterioro del cementerio ya se han convertido en situaciones “normales”, en donde los visitantes ya ni denuncian, pues las autoridades nunca ofrecen respuesta. Solo les queda a los familiares pedir protección al alma de su familiar, allí sepultado para que lo ampare de todo mal y peligro.

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Fuente: El Estímulo

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